La financiación digital es la clave para el desarrollo post-pandémico

“Estamos experimentando la caída del ingreso per cápita más pronunciada del ingreso per cápita desde el año 1870”, señaló el Secretario General de las Naciones Unidas (SGNU), António Guterres, en un discurso reciente, y advirtió que la crisis COVID-19 ha puesto a una cantidad de entre 70 y 100 millones de personas en riesgo de ser empujadas a la pobreza extrema. Para evitar ese resultado serán necesarias acciones concertadas e integrales con el propósito de reiniciar y reconstruir la economía mundial en una manera sostenible e inclusiva. La tecnología, y en especial las nuevas herramientas digitales de finanzas, pueden desempeñar un papel importante en este proceso.


Durante la pandemia COVID-19, los servicios digitales, desde la telemedicina hasta el teletrabajo y el aprendizaje en línea, se han instituido como salvavidas para los millones de personas sometidas a confinamientos y ordenes de quedarse en casa. Las finanzas digitales han sido esenciales para facilitar muchos de estos procesos, haciendo posible que las personas paguen por bienes y servicios, reciban compensaciones por su trabajo, accedan a pagos de asistencia social, y obtengan apoyo financiero, como por ejemplo préstamos bancarios, para sus empresas en dificultades.


Incluso antes de la pandemia, cada vez se tomaba mayor conciencia de la necesidad de aprovechar el poder de las finanzas digitales para el bien del planeta y de sus ciudadanos. De hecho, ese fue el objetivo central del Grupo de trabajo para la financiación digital del desarrollo sostenible del SGNU, grupo en el que he prestado servicios durante los pasados18 meses.

Este grupo de trabajo está integrado por ministros de gobierno, emprendedores del ámbito tecnológico, directores ejecutivos de bancos e instituciones de inversión, representantes de la sociedad civil, funcionarios de instituciones multilaterales, y líderes intelectuales. Sin embargo, nuestro próximo informe final se titula: “People’s Money: Harnessing Digitalization to Finance a Sustainable Future” (Dinero popular: Cómo aprovechar la digitalización para financiar un futuro sostenible), y se centra en las necesidades de las personas comunes y corrientes.


En sus conclusiones este informe indica que el sistema financiero debe servir a los ciudadanos individualmente, en su calidad de ahorradores, inversionistas, prestatarios, y contribuyentes que pagan impuestos. El sistema financiero debe aprovechar la tecnología digital para volver a situar a las personas en el asiento del conductor, con el propósito de que sean ellas las que conduzcan sus propias finanzas, para que puedan invertir en sí mismas y sus familias, en sus comunidades, países, y el planeta. Los gobiernos, los organismos reguladores, y las instituciones financieras deberán apoyar y facilitar las conmociones que nos llevarán hasta esa situación.


Ya existen modelos útiles de tales conmociones. África – especialmente mi país, Kenia – ha sido pionera en la adopción de la tecnología financiera, empezando por el dinero móvil. El M-Pesa de Kenia, un servicio de transferencia de dinero, pagos y micro-financiación basado en la telefonía móvil, ha sido una fuerza poderosa para ampliar la inclusión financiera. Desde el año 2006, la proporción de la población de Kenia que tiene acceso a servicios financieros ha aumentado del 26% a más del 82%.


Los organismos gubernamentales también han adoptado los pagos en línea, un avance que ha impulsado la confianza del público en los servicios financieros digitales. Hoy en día, más del 90% de los pagos en la plataforma centralizada del gobierno electrónico de Kenia (eCitizen) involucran el uso de dinero móvil.


La innovación facilitada por el gobierno y el banco central, y un abordaje de ‘aprender haciendo’ han desempeñado un papel importante para promover este avance. Por ejemplo, el bono M-Akiba del gobierno de Kenia que se lanzó al mercado en el año 2017, es el primer bono gubernamental en todo el mundo que está destinado exclusivamente a ser comercializado en dispositivos móviles. A diferencia de los bonos gubernamentales ya existentes, que requerían una compra mínima de 50.000 KES (460 dólares), el bono M-Akiba permite a los ciudadanos invertir tan sólo 30 dólares. Como resultado, los mercados de capital de Kenia se han hecho accesibles para la población en general, mientras que el gobierno ha desbloqueado una base de inversores completamente nueva. No causa sorpresa que el 85% de quienes invirtieron en la oferta inicial de M-Akiba compraran bonos del gobierno por primera vez en sus vidas.


Sin embargo, a pesar de que Kenia, así como también varios otros países africanos – como Ruanda, Sudáfrica y la República de las Seychelles – han logrado grandes avances en cuanto a aprovechar las oportunidades de la tecnología financiera, todavía queda un largo camino por recorrer. En un momento en que las economías están cada vez más entrelazadas, y los modelos de negocio digitales requieren economías de escala para prosperar, es esencial la creación de ecosistemas de financiación digital regionales, e incluso mundiales.


El Banco Central de Kenia está asumiendo un papel de liderazgo en este proceso. En colaboración con la Autoridad Monetaria de Singapur, estamos aprendiendo formas cómo fomentar a un sector de tecnología financiera vibrante, que se extiende a lo largo y ancho de África y Asia.


Cuanto más dinámico y expansivo sea ese sector, tanto mejor estarán nuestras respectivas poblaciones. Al fin y al cabo, la incorporación de los que antes no estaban en el sistema financiero se constituye en un apoyo directo al crecimiento económico y a la creación de empleos decentes, reduciendo la desigualdad económica, la pobreza y el hambre. En combinación con las nuevas innovaciones en las finanzas digitales, una mayor inclusión puede ampliar el acceso a una educación de calidad, al agua potable, y saneamiento básico, y a mucho más, y, por lo tanto, puede mejorar la salud y el bienestar en general.


Es más, al fortalecer la capacidad de ahorro de los hogares, la inclusión financiera crea más capital invertible, que se puede prestar a las pequeñas y medianas empresas, y puede financiar el desarrollo de infraestructuras verdes. Las innovaciones financieras digitales que conectan a las personas, el dinero y los datos ayudan a desbloquear estas inversiones.


No obstante, garantizar que la financiación digital realmente sirva a las personas requerirá de una supervisión eficaz. Cuando las personas obtienen acceso a la financiación por primera vez, se encuentran vulnerables a la manipulación y la explotación. Esto es especialmente cierto cuando ocurre a gran escala, ya que la concentración del mercado aumenta el poder de las grandes plataformas de financiación digital, muchas de las cuales ya operan a nivel mundial.


A menos que esas plataformas se sometan a una reglamentación y vigilancia adecuadas, las consecuencias serán nefastas, no sólo para los usuarios individuales, sino también para el crecimiento económico sostenible e inclusivo. Las economías en desarrollo serían las más afectadas por estos fracasos.


La crisis COVID-19 es una tragedia; sin embargo, también es una oportunidad para el cambio. Después de décadas de creciente desigualdad e inversiones insostenibles, tenemos las herramientas y los conocimientos para hacer mejor las cosas. Sólo necesitamos la voluntad para utilizar dichas herramientas y conocimientos.


Fuente: Foro Económico Mundial

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