El aumento de la productividad corre peligro debido a las perturbaciones causadas por la COVID-19

Según un estudio integral realizado por el Banco Mundial, los responsables de formular las políticas deberán adoptar medidas sustanciales para respaldar el aumento de la productividad, una fuerza que ha contribuido a sacar de la pobreza a millones de habitantes de países en desarrollo, a fin de superar los graves problemas que se enfrentan en esta esfera a raíz de las perturbaciones económicas causadas por la pandemia de COVID-19.


El aumento de la productividad, una base fundamental para el crecimiento de los ingresos y la reducción de la pobreza, ha venido disminuyendo en el ámbito mundial y en las economías de mercados emergentes y en desarrollo desde la crisis financiera de 2007‑09, en lo que constituye la desaceleración de la productividad más marcada, prolongada y amplia de las últimas décadas, de acuerdo con el informe “Global Productivity: Trends, Drivers, and Policies (Productividad mundial: Tendencias, factores y políticas). También se señala que la evidencia derivada de las últimas pandemias y profundas recesiones sugiere que la pandemia de COVID-19 podría reducir aún más la productividad laboral durante los próximos años a menos que se adopten medidas de política con urgencia.


Los niveles de productividad en las economías de mercados emergentes y en desarrollo siguen representando menos del 20 % del promedio de las economías avanzadas, y tan solo el 2 % en los países de ingreso bajo”, señaló Ceyla Pazarbasioglu, vicepresidenta de Crecimiento Equitativo, Finanzas e Instituciones del Grupo Banco Mundial. “Hay, tal vez, una luz de esperanza, dado que los cambios de conducta derivados de la pandemia acelerarán la adopción de nuevas tecnologías, el logro de mayores eficiencias en las empresas, y el ritmo de la innovación científica. No obstante, es fundamental garantizar que estos beneficios se distribuyan ampliamente y que las perturbaciones del mercado laboral impulsadas por la tecnología se gestionen de manera adecuada”.


El informe, el primero de su tipo, se basa en un conjunto integral de datos que abarca 35 economías avanzadas y 129 economías de mercados emergentes y en desarrollo. En él se establece que los factores que han estimulado el aumento de la productividad, como el crecimiento de la población en edad laboral, los logros académicos y el aumento de las cadenas de valor mundiales, han desaparecido o han retrocedido desde la crisis financiera internacional de 2007‑09. Se señala, además, que el colapso del comercio mundial y las interrupciones en las cadenas de suministro mundiales durante la actual pandemia, de prolongarse, podrían ser especialmente perjudiciales para las perspectivas de aumento de la productividad en las economías de mercados emergentes y en desarrollo.


Si bien los niveles de productividad de las economías de mercados emergentes y en desarrollo han estado rezagados históricamente respecto de las economías avanzadas, la disminución de las tasas de pobreza en las últimas décadas fue una señal alentadora de que en algunas de estas economías se habían logrado avances en materia de productividad e ingresos. La convergencia hacia niveles de productividad más altos se ha vinculado a diversos factores, entre ellos el aumento de la estabilidad política, la mejora de los sistemas educativos, la diversificación de las economías y la integración a cadenas de suministro mundiales. No obstante, la actual caída de las manufacturas mundiales, el ritmo más lento de crecimiento del comercio, la erosión del capital humano y las perspectivas poco favorables para los precios de los productos básicos, podrían plantear más dificultades para cerrar la brecha.


“Incluso antes de la pandemia de COVID-19, se registraba una desaceleración de base amplia del aumento de la productividad”, sostuvo Ayhan Kose, director del Grupo de Perspectivas del Banco Mundial. “Esto indica que todo paquete de políticas para reactivar el aumento de la productividad debe tener una base amplia similar. Un paquete integral de políticas debería estimular las inversiones en capital humano y capital físico, promover la reasignación de recursos a sectores más productivos, fomentar la adopción de tecnologías y la innovación y propiciar un entorno institucional y macroeconómico acertado”.


Fuente: Banco Mundial

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