Cómo planificar el futuro de su empresa durante la pandemia

Actualizado: may 5

Los líderes empresariales actuales se hallan inevitablemente centrados en los enormes desafíos de continuidad comercial que se plantean tras la COVID-19. En primer lugar, deben lograr que los empleados estén lo más seguros posible, garantizando la sostenibilidad financiera, evaluando la resiliencia de las cadenas de suministro y reforzando sistemas esenciales con el fin de llegar a niveles sin precedentes de trabajo remoto y comercio en línea, al tiempo que responden al aumento de los ataques informáticos.


Como era de esperar, las organizaciones que se encontraban más adelantadas en la transformación digital antes de la aparición de la COVID-19 tenderán a adaptarse mejor a la crisis que sus competidores. Sus modelos de negocio y procesos de trabajo les han permitido acometer los cambios con mayor rapidez o acelerar los que ya estaban en marcha. Las empresas que carecen de unos pilares digitales o una presencia en internet sólidos han tenido dificultades, al igual que las que están expuestas a los sectores de comercio minorista, transporte, energía y turismo. Mientras tanto, las compañías de software que proporcionan herramientas de colaboración, software como servicio y capacidad en la nube están experimentando altos niveles de demanda motivados por el comportamiento cambiante de los clientes y el negocio.


Sin embargo, sea cual sea su grado de digitalización, las empresas deben tratar de mirar más allá de la continuidad comercial inmediata o de los problemas de liquidez causados por la pandemia. Ahora que la atención se centra en mayor medida en la atenuación de las restricciones impuestas por los gobiernos, nos toca pensar en el futuro. ¿Qué lecciones debemos sacar de esta pandemia que nos permita prepararnos para la “nueva normalidad” después de la COVID-19? ¿Cómo podemos contribuir a la prosperidad de nuestras organizaciones en un mundo poscrisis?

Tal vez podamos comenzar considerando los cuatros pasos siguientes:


1. Diseñar una estrategia de fin del confinamiento


Muchas economías nacionales están experimentando grandes caídas en el PIB. Por esta razón, los gobiernos se están planteando seriamente estrategias de salida de fin del confinamiento que les permitirán relanzar las economías, reduciendo al mínimo la amenaza para las vidas humanas. Igualmente, las empresas deberán decidir cómo reiniciar sus operaciones, al tiempo que continúan priorizando el bienestar de sus plantillas mientras gestionan las consecuencias del confinamiento y sus implicaciones inmediatas.


Para ello, será necesario que consideren las condiciones del personal respecto al retorno a las oficinas o las visitas a las instalaciones de los clientes, siempre manteniendo los protocolos de distanciamiento social. Si los hay, serán pocos los negocios que retomen las mismas prácticas laborales y de servicio al cliente que mantenían apenas hace seis meses, con repercusiones a corto plazo en cuanto a productividad, costes y moral de los empleados. Es posible que necesiten aportar mayor agilidad y flexibilidad a su cadena de suministro para poder cambiar a nuevos proveedores, en caso necesario.


2. Considerar el nuevo papel del estado


La crisis ha tenido el efecto de ampliar significativamente la intervención del estado en muchos mercados, ya que los gobiernos han implantado reglas estrictas para salvar vidas y han presentado paquetes de estímulo masivos para la salvación de empleos y empresas. Estas medidas han supuesto un enorme coste económico y social, por lo que muchos gobiernos se centrarán en garantizar que los países no tengan que imponer un confinamiento similar, en caso de surgir otra pandemia en el futuro. Después de la crisis financiera de hace 10 años, los gobiernos en todo el mundo introdujeron más de 15 000 documentos con nuevas leyes destinadas a fortalecer el sistema financiero global. Es hora de pensar en cómo las nuevas regulaciones pueden afectar al modelo de negocio de su organización y tener en cuenta su estrategia futura.


En lugar de invitar a una respuesta global coordinada, la amenaza común de la pandemia ha creado más división y, en algunos casos, ha intensificado la competencia. Con vistas al futuro, es probable que asistamos a una mayor regulación en áreas potenciales como los derechos laborales, la accesibilidad a los datos y las reservas de liquidez y efectivo que mantienen las grandes empresas. Con toda probabilidad, veremos una rápida aceleración hacia el “gobierno electrónico”, la digitalización de la asistencia sanitaria y el papel del estado como proveedor universal.


Con la marcada intervención fiscal por parte del estado para apoyar a los trabajadores y empresas afectados, parece inevitable que asistamos a la nacionalización a corto plazo en algunas industrias, así como la intervención estatal directa en nuevas industrias designadas de importancia estratégica. También debemos prepararnos para los cambios en el sistema tributario, ya que los gobiernos aspiran a recuperar parte de sus desembolsos recientes y reequilibrar las cuentas a medio plazo.


3. Utilizar la tecnología para aumentar la capacidad de las personas, en lugar de reemplazarlas


La tecnología nos ha permitido replantearnos las formas en que realizamos actividades fundamentales durante esta crisis. Las bolsas de valores siguen operando a pesar de que sus parqués físicos están cerrados. En el Reino Unido se ha establecido un Parlamento virtual. Los centros de contacto de todo el mundo están adaptándose a formas de trabajo remoto y algunos utilizan la inteligencia artificial para mantener los niveles esperados de servicio al cliente. Si bien durante mucho tiempo disfrutamos de una sólida cultura de flexibilidad y trabajo a distancia en EY, la hemos ampliado aún más, y contamos con cerca de 300 000 personas, en 150 países, trabajando desde casa.


Estos avances son impresionantes, pero muchas de las tecnologías y herramientas de las que todos tenemos conocimientos, como Microsoft Teams o Zoom, nos permiten hacer mucho más. Las posiciones predeterminadas de muchas empresas se basan en utilizar la tecnología para reemplazar la mano de obra, no para que se integre con ella. El período actual constituye una buena oportunidad para que los líderes empresariales exploren la manera de hacer un mayor uso de la tecnología con el fin de aumentar la capacidad de las personas y lograr ganancias en productividad, mejorar la vida laboral de los empleados, ofrecer mejores productos y servicios a los clientes y contribuir en el impulso hacia un mayor crecimiento económico.


4. Adoptar los cambios culturales y de comportamiento derivados de la COVID-19


Para muchos, la pandemia global ha dejado expuestas las debilidades y dejado como irrelevantes muchas de las que, tradicionalmente, se consideraban fortalezas. La tecnología ha sido el denominador común de la resiliencia de la mayoría de las organizaciones en medio de la crisis. También ha ayudado a impulsar cambios culturales significativos, como el caso de las personas que trabajan desde casa y se conectan con colegas a través de plataformas de videoconferencia y herramientas de colaboración.


Aunque las ventas y los servicios en línea ya estaban creciendo rápidamente en muchos países, la pandemia ha catapultado de modo acelerado a los minoristas en línea. La demanda de servicios, no solo de alimentos y remedios caseros, se ha visto incrementada en una gama que va desde cursos de capacitación a opciones de entretenimiento. Las organizaciones disponen de una valiosa oportunidad para capitalizar los significativos cambios de comportamiento y cultura acontecidos en las últimas semanas y aprovecharlos para adentrarnos en un mundo sin COVID. Esto podría implicar el desarrollo de modelos comerciales omnicanal que combinen oferta digital y presencial.


El movimiento orientado al cambio de la infraestructura desde los centros de datos tradicionales a la nube, o una combinación de computación local y en la nube, ya está mostrando signos de aceleración. Muchas empresas se están replanteando el modo de introducir una mayor virtualización en muchos aspectos del negocio, como el aprendizaje, al tiempo que planean niveles mucho más altos de trabajo remoto que antes, con repercusión en el mercado inmobiliario y la huella de carbono del negocio.


Aunque la mayoría de los países y empresas todavía se encuentran en la fase de gestión de la crisis de la COVID-19, algunas compañías ya están explorando cómo pueden posicionarse en la trayectoria correcta de cara al crecimiento, mientras salen del otro lado. Al tiempo que conceden prioridad al bienestar del personal y a la continuidad del negocio, se ocupan de revisar si sus estrategias siguen siendo adecuadas para sus objetivos. Esto implica tener en cuenta las correcciones del camino que necesitan emprender, considerando los avances tecnológicos, la evolución del comportamiento de clientes y empleados, la necesidad de agilidad organizacional y resiliencia de la cadena de suministro, y la ampliación del papel de los estados.


En estos momentos, el mundo todavía se halla en un estado de caos. Un caos que, además, ha generado una importante transformación social, económica y tecnológica que está teniendo lugar ante nuestros propios ojos. Está claro que no volveremos a nuestros antiguos modos de vida, de trabajo o de hacer negocios una vez haya pasado lo peor de la crisis. Lo que es seguro es que el día de mañana será muy diferente, por eso debemos comenzar a replantear el futuro desde hoy mismo.

Fuente: Foro Económico Mundial


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